Sergio Dalma, el artista catalán de Sabadell, llegó este domingo a La Plaza de Santander con su gira ‘Ritorno a Vía Dalma’ y se marchó dejando una de esas noches que cuesta explicar sin recurrir a una palabra muy sencilla: conciertazo.

Sergio Dalma, en primer plano, durante una de las noches más intensas de su ‘Ritorno a Vía Dalma’ en Santander.
Porque lo que ocurrió ayer en La Plaza fue mucho más que un repaso por la música italiana. Fue una noche para recordar, para cantar, para bailar y, sobre todo, para reencontrarse con canciones que ya forman parte de la banda sonora de varias generaciones.
Desde los primeros compases quedó claro que el público había venido dispuesto a disfrutar. Y Dalma no tardó en responder. La conexión entre escenario y público fue constante, con un artista cercano, hablándole a la gente, buscándola con la mirada, sonriendo y comportándose durante toda la noche como si estuviera en casa.
Y eso se notó.

Sergio Dalma durante su actuación en La Plaza de Santander, dentro de su gira ‘Ritorno a Vía Dalma’
Italia como punto de partida
‘Ritorno a Vía Dalma’ recupera el universo italiano que Sergio Dalma convirtió en una de las señas de identidad de su carrera. Y durante la noche santanderina fueron apareciendo canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones.
Entre ellas, ‘Volare’, uno de esos clásicos italianos universales que levantó al público, y ‘No te pido la luna’, que volvió a demostrar que hay canciones que parecen tener una segunda vida cada vez que suenan en directo.
El repertorio permitió viajar por Italia y por varias décadas de música. Canciones conocidas, melodías que despertaban recuerdos y temas que siguen funcionando como auténticos himnos.
Pero sobre el escenario no hubo sensación de estar escuchando simplemente versiones de canciones conocidas. Dalma las ha hecho suyas, llevándolas a su terreno y dándoles una nueva energía.

El público de La Plaza se entrega a las canciones de Sergio Dalma
Y mientras sonaban, el público respondía.
Un público que no se limitó a escuchar: cantó, aplaudió, bailó y acompañó a Sergio Dalma prácticamente durante todo el concierto.
Un artista que se acerca al público
Uno de los momentos más especiales llegó cuando Sergio Dalma decidió acercarse todavía más a quienes habían acudido a verle.
El cantante bajó para cantar entre el público, acercándose, estrechando manos y compartiendo la canción prácticamente cara a cara con sus seguidores.

Sergio Dalma, rodeado por el público, en uno de los momentos más cercanos del concierto.
No fue un gesto aislado. Esa cercanía estuvo presente durante todo el concierto.
Dalma desde el escenario habló con el público, bromeó, presentó las canciones, miró a las gradas y dejó continuamente la sensación de que no existía una distancia real entre él y quienes estaban enfrente.
Sergio Dalma cantó para el público, pero también cantó con el público.
Y quizá ahí estuvo una de las claves de la noche.

Sergio Dalma, entregado sobre el escenario ante un público completamente volcado durante toda la noche.
Una banda que elevó el espectáculo
Y si Dalma fue el protagonista, la banda que lo acompañó estuvo a la altura de un concierto de estas dimensiones.
La banda estuvo formada por Javier Arpa, a la guitarra; Óliver Martín, con mandolina, ukelele y guitarras eléctricas; Arturo Ruiz, al bajo; José Manuel Mocholí, al bajo eléctrico; Daniel Podador, a la batería; Alicia Araque, en la percusión, guitarra y coros; y Esdras Boyajian, al saxofón y los coros. Al frente de la formación, Miguel Ángel Collado, responsable del piano, los teclados y la dirección musical.
Una banda sólida y muy versátil que permitió recorrer el repertorio italiano, pasar por los grandes éxitos de Dalma y cambiar de registro constantemente sin perder intensidad.
Guitarras, sección rítmica, percusión, vientos y teclados construyeron un directo con mucha riqueza y dieron una nueva vida a canciones que el público ya conoce prácticamente de memoria.
Y ahí estuvo precisamente una de las grandes virtudes de la noche: no se trataba simplemente de volver a escuchar viejos éxitos, sino de escucharlos renovados, con nuevos arreglos y con la energía de una banda de directo extraordinaria.

La banda de Sergio Dalma puso la potencia y la riqueza musical a una noche marcada por los grandes éxitos.
Y entonces llegó la fiesta
Si el concierto había ido creciendo poco a poco, el tramo final terminó de desatar la locura.
La Plaza se convirtió en una auténtica pista de baile.
Gente de pie, cantando, bailando, levantando los brazos y disfrutando sin parar. Las canciones se transformaron en himnos colectivos y Sergio Dalma terminó de poner la guinda a una noche que ya había cumplido con creces las expectativas.
Los grandes éxitos de su carrera aparecieron para convertir las últimas canciones en una auténtica celebración.
Y Santander respondió.
El público lo dio absolutamente todo.
No hubo prácticamente un momento en el que la energía decayese. Al contrario: cuanto más avanzaba el concierto, más arriba estaba La Plaza.

La banda de Sergio Dalma puso la potencia y la riqueza musical a una noche marcada por los grandes éxitos.
Vini, vidi, vinci
Sergio Dalma llegó a Santander con Italia en la maleta, una gran banda y un repertorio capaz de atravesar varias generaciones.
Se encontró La Plaza preparada para cantar.
Y ganó.
Vini, vidi, vinci.
Vino, vio y venció.
Pero, sobre todo, hizo bailar a una Plaza entera.
Una noche espectacular, de esas que se disfrutan mientras suceden y que después se recuerdan con una sonrisa. Un concierto que no defraudó en ningún momento y que demostró que algunos himnos, cuando pasan por una voz como la de Sergio Dalma y se actualizan sin perder su esencia, siguen teniendo cuerda para rato.
Y así terminó una noche de música, recuerdos, canciones compartidas y mucha fiesta.
Gracias, Sergio.

El artista catalán cerró en Santander una noche marcada por la emoción, las canciones y la conexión con el público.
Fotografías: Esther Casabó. © Todos los derechos reservados.
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