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Polémica por el borrador que reforma la CUME: preocupación en las familias cuidadoras ante posibles cambios que podrían endurecer el acceso a la prestación
El nuevo texto del Ministerio de Inclusión plantea modificaciones en la prestación por cuidado de menores con enfermedad grave y genera inquietud entre las familias, que alertan de un posible aumento de las exigencias y de un impacto directo en miles de hogares que dependen de esta ayuda para cuidar.
Por Esther Casabó
Publicado en 23/06/2026 14:17
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El borrador de modificación del Real Decreto 1148/2011, que regula la prestación por cuidado de menores con cáncer u otras enfermedades graves (CUME), se encuentra actualmente en fase de audiencia pública, abierta a la presentación de alegaciones antes de su aprobación definitiva.

El texto ha sido impulsado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y plantea una actualización del sistema de gestión de la prestación. Sin embargo, ha generado preocupación entre asociaciones de familias como ASFACUME, que advierten de que algunos cambios podrían dificultar el acceso y la continuidad de la ayuda en situaciones donde el cuidado es imprescindible.

Más control administrativo y renovaciones más exigentes

Uno de los principales cambios afecta al sistema de renovaciones, que pasaría a depender de informes emitidos por especialistas del sistema público de salud, además de revisiones periódicas por parte de la inspección médica.

Aunque el objetivo declarado es reforzar la seguridad jurídica del sistema, las familias señalan que este nuevo esquema puede suponer dificultades reales en la práctica: la saturación de consultas, los tiempos de espera para especialistas y los plazos administrativos podrían poner en riesgo la continuidad de la prestación, incluso cuando la situación del menor no ha cambiado.

El corazón del debate: el cuidado real frente a la burocracia

Más allá de los procedimientos, el conflicto se centra en cómo se reconoce el cuidado continuo, directo y permanente.

Las familias explican que la realidad diaria de estos menores no siempre se refleja en un informe clínico: muchos no están ingresados, pero requieren atención constante, medicación compleja, vigilancia continua, asistencia nocturna y acompañamiento permanente.

Por ello, temen que un enfoque demasiado clínico deje fuera situaciones reales de dependencia, donde el cuidado en casa es precisamente lo que evita el empeoramiento o el ingreso hospitalario.

Escolarización y vida cotidiana: una preocupación añadida

Otro punto que genera inquietud es la posible inclusión de datos como el horario escolar en la valoración de la prestación.

Aunque el borrador mantiene la compatibilidad con la escolarización, las familias temen que este dato pueda interpretarse de forma restrictiva, ignorando que la atención no termina en el aula y se extiende a noches, fines de semana, tratamientos y crisis médicas.

Para muchas familias, la escolarización no reduce la necesidad de cuidados, sino que convive con ella gracias a una organización diaria muy exigente.

Situaciones que podrían llevar a perder la ayuda

El borrador introduce también nuevos supuestos de extinción de la prestación, como determinadas situaciones de formación o prácticas del beneficiario o del propio menor, así como el cese de actividad laboral del otro progenitor en ciertos casos.

Las familias consideran especialmente delicado este punto, ya que en muchos hogares el segundo progenitor deja de trabajar precisamente por motivos de salud, lo que aumenta la carga de cuidados y la vulnerabilidad económica.

También se mantiene el límite de edad de la prestación, con ampliación hasta los 26 años en algunos supuestos, lo que deja fuera a jóvenes con enfermedades graves que siguen necesitando atención continuada.

Las familias, en el centro del debate

Para el Ministerio, la reforma busca actualizar y ordenar el sistema. Pero desde las familias cuidadoras se insiste en que cualquier cambio debe partir de una premisa clara: proteger a quienes cuidan y a quienes necesitan ser cuidados.

Desde ASFACUME recuerdan que la CUME no es un privilegio, sino una herramienta esencial que permite sostener la vida cotidiana de menores con enfermedades graves, evitando hospitalizaciones y garantizando cuidados continuos en el entorno familiar.

Un proceso abierto… y un margen que se agota

El borrador sigue en fase de información pública, lo que permite la presentación de alegaciones antes de su aprobación definitiva en el Consejo de Ministros.

El debate sigue abierto, pero el mensaje de las familias es claro: cualquier reforma debe reforzar la protección, no debilitarla.

 

Porque detrás de cada expediente hay una realidad que no cabe en un formulario: la de madres y padres que sostienen cuidados permanentes para que sus hijos e hijas puedan vivir con dignidad.

 

Foto: Myriams-Fotos / Pixabay

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